Rompecabezas

Rompecabezas
Así se forma el conjunto, uniendo, como en la música, el silencio con el sonido o, como en poesía, la ingeniería con el verso. (Despedida)

jueves, 9 de enero de 2014

Textos literarios. Poesía




EL HOSPICIO

Es el hospicio, el viejo hospicio provinciano, 
el caserón ruinoso de ennegrecidas tejas 
en donde los vencejos anidan en verano 
y graznan en las noches de invierno las cornejas. 
Con su frontón al Norte, entre los dos torreones 
de antigua fortaleza, el sórdido edificio 
de grietados muros y sucios paredones, 
es un rincón de sombra eterna. ¡El viejo hospicio! 
Mientras el sol de enero su débil luz envía, 
su triste luz velada sobre los campos yermos, 
a un ventanuco asoman, al declinar el día, 
algunos rostros pálidos, atónitos y enfermos, 
a contemplar los montes azules de la sierra; 
o, de los cielos blancos, como sobre una fosa, 
caer la blanca nieve sobre la fría tierra, 
¡sobre la tierra fría la nieve silenciosa!...

                                                 Antonio Machado. Campos de Castilla. (1907-1919)

lunes, 11 de noviembre de 2013

Los girasoles ciegos




Por fin, llegó [el capitán Alegría] a Somosierra, un pueblo de granito y pizarra que necesita el paisaje para ser hermoso. Llegó al atardecer, con un sol oblicuo y denso a sus espaldas que le permitió acercarse a la caseta del fielato* donde los guardianes del camino habían instalado sus reales. Allí estaban los soldados del ejército que había ganado la última batalla, con los uniformes, las botas, los tabardos y las armas que él había administrado tantos años. No sintió ni nostalgia ni arrepentimiento, pero sí melancolía.
Les observó tras su difusa miopía durante horas, incluso cuando la noche se echó encima y los soldados tuvieron que encender hogueras para iluminar el camino y calentarse. Observó la parodia de un cambio de guardia, hecho al buen tuntún y con una desgana que reflejaba más hastío que victoria.
Debió de ser entonces cuando nació la reflexión que recogió en unas notas encontradas en su bolsillo el día de su segunda muerte, la real, que tuvo lugar más tarde, cuando se levantó la tapa de la vida con un fusil arrebatado a sus guardianes.
«¿Son estos soldados que veo lánguidos y hastiados los que han ganado la guerra? No, ellos quieren regresar a sus hogares adonde no llegarán como militares victoriosos sino como extraños de la vida, como ausentes de lo propio, y se convertirán, poco a poco, en carne de vencidos. Se amalgamarán con quienes han sido derrotados, de los que sólo se diferenciarán por el estigma de sus rencores contrapuestos. Terminarán temiendo, como el vencido, al vencedor real, que venció al ejército enemigo y al propio. Sólo algunos muertos serán considerados protagonistas de la guerra.»
Todos los pensamientos y con ellos la memoria debieron de quedar sepultados bajo la fiebre, bajo el hambre, bajo el asco que sentía de sí mismo, porque haciendo acopio de la poca fuerza que aún le quedaba, arrastrándose ya, pues ni siquiera incorporarse pudo en el último momento, se aproximó al cuerpo de guardia lentamente, sin importarle el asombro y la repulsión que sintieron los soldados al ver arrastrarse esos despojos.
Cuando el llanto se lo permitió, dijo:
–Soy de los vuestros.

Alberto Méndez, Los girasoles ciegos (Primera derrota: 1939 o “Si el corazón pensara dejaría de latir”).

viernes, 7 de junio de 2013


LA LÍRICA DEL SIGLO XX HASTA 1939

La poesía española del siglo XX hasta el estallido de la guerra puede dividirse en  dos grandes etapas: la primera de ellas abarcaría los movimientos modernista y noventayochista y la segunda al novecentismo, las vanguardias y la generación del 27.

El término Modernismo hace referencia a una serie de tendencias artísticas europeas y latinoamericanas que revolucionaron el arte de finales del siglo XIX y principios del XX y que, ofreciéndose como alternativa a la literatura burguesa y realista de la segunda mitad del siglo XIX, consistía en la búsqueda de nuevas formas y de la belleza ornamental. Como movimiento literario surge en Nicaragua de la mano del poeta Rubén Darío y pasa por dos etapas, una más esteticista y sensorial influida por el parnasianismo francés, y otra más íntima, de cierto compromiso e influida por el simbolismo, Esta última versión será la que llegue a la pluma de nuestros escritores como Juan Ramón Jiménez (los de su etapa "sensitiva") y las Soledades, galerías y otros poemas de Antonio Machado, donde el poeta reflexiona en tono melancólico sobre temas como el paso del tiempo o la muerte con una estética renovada y una simbología propia.

El Movimiento noventayochista, si bien está inmerso en este clima generalizado de fin de siglo al que hemos llamado Modernismo, presenta unas características propias que lo diferencian. La primera de ellas es que se trata de un movimiento exclusivamente español la segunda sería su carácter socio-político ( el modernismo es solo un movimiento cultural y artístico). Así dentro del ambiente modernista finisecular, en España surgirá  un grupo de autores (conocidos como Grupo del 98) que reaccionarán ante la crisis del 98. Efectivamente, tras la pérdida de la últimas colonias, a la crisis económica, política y social en que estaba sumida la nación, se le une una crisis de ideas que se manifiesta especialmente en la tambaleante "idea de España". En los versos de Machado y de Unamuno se denuncia el atraso y la miseria del campesino castellano y se reivindica la necesidad de regeneración nacional. En cuanto a la estética, la poesía de este grupo limaba alguno de los excesos modernistas y mostraba cierta depuración formal: léxico menos retórico y versos más cortos.

Pero en torno a 1914 surge en España una nueva generación de intelectuales, formados en universidades y de vocación europeísta que reacciona contra el sentimentalismo en el arte y propone un nuevo concepto de poesía intelectual. Se les conoce como Novecentistas o Generación del 14. A esta corriente pertenece la "poesía pura" de Juan Ramón Jiménez, una poesía desnuda e intelectualizada.Otro nombre clave es el de ramón Gómez de la Serna, introductor de las primeras vanguardias en España y creador de las " greguerías" (pequeñas composiciones que unen metáfora y humor). Son los primeros pasos hacia un vanguardismo que tendrá en torno a 1920 sus primeras manifestaciones propias con el Ultraísmo cuyo manifiesto se debe a Rafael Cansinos Assens. Algunos autores establecen  los antecedentes de la vanguardia de nuestro país en la visita del chileno Vicente Huidobro a Madrid tras haber estado en parís en contacto con las vanguardias francesas. Su venida estimuló a los incipientes ultraístas y su Creacionismo influyó en autores del 27. Por último habría que mencionar el ensayo de ortega y Gasset La deshumanización del arte, cuyos postulados de necesidad de una poesía pura alejada de los sentimentalismos decimonónicos dieron base teórica a esta nueva lírica.

Poco a poco, sin embargo, estos ideales de pureza de las primeras vanguardias se fueron abandonando. Tras los cambios sufridos en la sociedad del momento, en nuevo contexto social (con el advenimiento de la república) y por influencia del surrealismo francés, aparece en los años 30 una poesía de denuncia y de contenidos sociales. Los poetas que protagonizan este panorama son los del llamado Generación del 27: un grupo de jóvenes reunidos en torno a la Residencia de estudiantes de Madrid que elevarán el género poético a cumbres difícilmente superables. Sus miembros  (que se dan a conocer en el Ateneo de Sevilla en la celebración del tercer centenario de la muerte de Góngora) son: Jorge Guillén, Pedro salinas, Federico garcía Lorca, Dámaso Alonso, Gerardo Diego, Luis Cernuda, Vicente Aleixandre, Manuel Altolaguirre y Emilio Prados. Casi todos ellos tienen poemarios escritos antes de 1930 en los que combinan lo culto con lo popular y la tradición con la vanguardia. Así hay que destacar la poesía neopopular de Lorca (Poema del cante jondo y Romancero gitano) y de Alberti (Marinero en tierrra); la poesía pura de Dámaso Alonso Poemas puros) y de Guillén (Cántico) o de Salinas Seguro Azar y Presagios) y los poemarios creacionistas de Gerardo Diego ( Imagen y Manual de espumas). En trono a 1930 el grupo sufre la influencia del surrealismo francés y de la poesía de Pablo Neruda. En esta línea de influencia se ubican los primeros poemarios de Luis Cernuda (Los placeres prohibidos,1931 y  Donde habite el olvido,1934), de Vicente Aleixandre (Espadas como labios ,1930), Poeta en Nueva York de García Lorca, publicado en 1940, pero escrito entre en 1929-30 y Sobre los ángeles (1928) de Alberti. En un lugar aparte hay que poner la lírica amorosa de Salinas y sus poemarios La voz a ti debida (1933) y Razón de amor(1936).

Será el estallido de la guerra civil española lo que trunque la evolución poética de esta generación posicionada al lado del bando republicano ( y la de otros poetas que comenzaban a asomar en el panorama lírico de nuestro país, como Miguel Hernández, el poeta del pueblo). garcía Lorca será asesinado ese mismo año, el joven Hernández morirá en la cárcel en 1942 y el resto de poetas de la Generación del 27 se verán obligados al exilio. Vicente Aleixandre y Dámaso Alonso se quedarán en el llamado "exilio interior" y serán los encargados de, esquivando la presión de la censura, apadrinar a a los poetas de las siguientes generaciones.



viernes, 26 de abril de 2013

Textos literarios. Poesía




Por encima del mar, desde la orilla americana del Atlantico

¿Si yo hubiera podido, oh Cádiz, a tu vera
hoy, junto a ti, metido en tus raíces,
hablarte como entonces,                                                          
como cuando descalzo por tus verdes orillas
iba a tu mar robándole caracoles y algas!

Bien lo merecería, yo sé que tú lo sabes,
por haberte llevado tantos años conmigo,
por haberte  cantado casi todos los días,
llamando siempre Cádiz a todo lo dichoso,
lo luminoso que me aconteciera.

Siénteme cerca, escúchame
igual que si mi nombre, si todo yo tangible,
proyectado en la cal hirviente de tus muros,
sobre tus farallones hundidos o en los huecos
de tus antiguas tumbas o en las olas te hablara.
Hoy tengo muchas cosas,muchas más que decirte.

Yo sé que lo lejano,
sí, que lo más lejano, aunque se llame
Mar de Solís o Río de la Plata,
no hace que los oídos
de tu siempre dispuesto corazón no me oigan.
Por encima del mar voy de nuevo a cantarte.

                                                     Rafael Alberti. Ora marítima

Textos periodísticos




martes, 20 de marzo de 2012


" Juguemos " Elvira Lindo

Juego de "pídola". Francisco de Goya
Jugar en la calle. Jugar en grupo. Esa es la actividad extraescolar que un grupo de educadores y psicólogos americanos han señalado como la asignatura pendiente en la educación actual de un niño. Parecería simple remediarlo. No lo es. La calle ya no es un sitio seguro en casi ninguna gran ciudad. La media que un niño americano pasa ante las numerosas pantallas que la vida le ofrece es hoy de siete horas y media. La de los niños españoles estaba en tres. Cualquiera de las dos cifras es una barbaridad. Cuando los expertos hablan de juego no se refieren a un juego de ordenador o una play station ni tampoco al juego organizado por los padres, que en ocasiones se ven forzados a remediar la ausencia de otros niños. El juego más educativo sigue siendo aquel en que los niños han de luchar por el liderazgo o la colaboración, rivalizar o apoyarse, pelearse y hacer las paces para sobrevivir. Esto no significa que el ordenador sea una presencia nociva en sus vidas. Al contrario, es una insustituible herramienta de trabajo, pero en cuanto a ocio se refiere, el juego a la antigua sigue siendo el gran educador social.
Leía ayer a Rodríguez Ibarra hablar de esa gente que teme a los ordenadores y relacionaba ese miedo con los derechos de propiedad intelectual. No comprendí muy bien la relación, porque es precisamente entre los trabajadores de la cultura (el técnico de sonido, el músico, el montador, el diseñador o el escritor) donde el ordenador se ha convertido en un instrumento fundamental. Pero conviene no convertir a las máquinas en objetos sagrados y, de momento, no hay nada comparable en la vida de un niño a un partidillo de fútbol en la calle, a las casitas o al churro-media-manga. Y esto nada tiene que ver con un terror a las pantallas sino con la defensa de un tipo de juego necesario para hacer de los niños seres sociales.

(PAU Junio 2011)

jueves, 25 de abril de 2013

textos literarios. Narrativa




San Manuel Bueno, mártir. Unamuno.

Su vida era activa, y no contemplativa, huyendo cuanto podía de no tener nada que hacer. Cuando oía eso de que la ociosidad es la madre de todos los vicios, contestaba: «Y del peor de todos, que es el pensar ocioso». Y como yo le preguntara una vez qué es lo que con eso quería decir, me contestó: «Pensar ocioso es pensar para no hacer nada o pensar demasiado en lo que se ha hecho y no en lo que hay que hacer. A lo hecho pecho, y a otra cosa, que no hay peor que remordimiento sin enmienda». ¡Hacer!, ¡hacer! Bien comprendí yo ya desde entonces que don Manuel huía de pensar ocioso y a solas, que algún pensamiento le perseguía.

            Así es que estaba siempre ocupado, y no pocas veces en inventar ocupaciones. Escribía muy poco para sí, de tal modo que apenas nos ha dejado escritos o notas; mas, en cambio, hacía de memorialista para los demás, y a las madres, sobre todo, les redactaba las cartas para sus hijos ausentes.

            Trabajaba también manualmente, ayudando con sus brazos a ciertas labores del pueblo. En la temporada de trilla íbase a la era a trillar y aventar, y en tanto aleccionaba o distraía a los labradores, a quienes ayudaba en estas faenas. Sustituía a las veces a algún enfermo en su tarea. Un día del más crudo invierno se encontró con un niño, muertito de frío, a quien su padre le enviaba a recoger una res a larga distancia, en el monte.

            ─Mira -le dijo al niño-, vuélvete a casa a calentarte, y dile a tu padre que yo voy a hacer el encargo. 

            Y al volver con la res se encontró con el padre, todo confuso, que iba a su encuentro. En invierno partía leña para los pobres. Cuando se secó aquel magnífico nogal -«un nogal matriarcal» le llamaba-, a cuya sombra había jugado de niño y con cuyas nueces se había durante tantos años regalado, pidió el tronco, se lo llevó a casa y, después de labrar en él seis tablas, que guardaba al pie de su lecho, hizo del resto leña para calentar a los pobres.

Miguel de Unamuno: San Manuel Bueno, mártir.